miércoles, 21 de mayo de 2014

La maldición de Canaán

Una de las primeras referencias sobre el vino en la biblia es la del Génesis 9:18-29, en la que se relata la embriaguez de Noé y la condena a su hijo Canaán.

Los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet. Cam fue el padre de Canaán. A partir de estos tres hijos de Noé y sus descendientes se pobló toda la tierra. Noé comenzó a cultivar la tierra y plantó una viña. Pero, al beber vino, se emborrachó y quedó tendido desnudo en medio de su tienda. Cuando Cam, el padre de Canaán, vio a su padre desnudo, salió a contárselo a sus dos hermanos. Entonces Sem y Jafet tomaron un manto, se lo echaron sobre los hombros de ambos y taparon a su padre con él; para no verlo desnudo, caminaron de espaldas y mirando hacia otro lado.

Cuando se le pasó a Noé la borrachera y se enteró de lo que le había hecho su hijo menor, dijo:

¡Maldito sea Canaán!
¡Será esclavo para sus hermanos,
el último de los esclavos!
Y agregó:

¡Bendito sea el Señor, Dios de Sem!
¡Que Canaán sea su esclavo!
¡Que Dios engrandezca a Jafet,
para que habite en los campamentos de Sem,
y Canaán sea su esclavo!
Después del diluvio, Noé vivió trescientos cincuenta años, y a la edad de novecientos cincuenta años murió.


Con este relato se hace ver que Noé, el viticultor cuyo vino consuela a los hombres de sus penosos trabajos puede fallar. A través de Cam se condena a Canaán y a sus cultos licenciosos asociados a la embriaguez.


Imagen: La embriaguez de Noé, de Miguel Angel Buonarroti. Techo de la capilla Sixtina, Vaticano, Roma.

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