Tras la caída del Imperio romano, fueron algunas órdenes
religiosas las que hicieron posible que se mantuviera el cultivo de la vid en ciertas
zonas de Europa. Este es el caso de la Orden de San Benito, que mediante el
trabajo de sus monjes en los Monasterios mantenía el conocimiento y el cultivo de la
vid. De hecho a cada monje benedictino le correspondía cierto volumen de vino
diario, según su Regla Benedictina.
En la Edad Media se hace extensivo por primera vez el
almacenamiento del vino en barriles de madera (en lugar de ánforas de barro).
Las múltiples crónicas narrando como se avinagran los vinos, hace pensar que el
almacenamiento de esta bebida no había llegado a su perfección. La mayoría de
los vinos se hacía vinagre al llegar la primavera.. A pesar de ello se
empleaban algunas técnicas con el objeto de aumentar la vida del vino, recubrimientos
de brea, empleo de resinas, uso de saborizantes que enmascaran el sabor del
vino avinagrado, etc. En esta época se continúa bebiendo el vino mezclado con
agua.
Los crecientes saqueos de Conventos y Monasterios tras la
caída del imperio romano hicieron que las cubas de vino se escondiesen en
sótanos junto con los demás víveres, y fue de esta forma como se descubrió que
éste era un lugar idóneo para su conservación, dando origen a las bodegas.

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