Una de las
primeras referencias sobre el vino en la biblia es la del Génesis 9:18-29, en
la que se relata la embriaguez de Noé y la condena a su hijo Canaán.
Los hijos de
Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet. Cam fue el padre de Canaán. A
partir de estos tres hijos de Noé y sus descendientes se pobló toda la tierra. Noé
comenzó a cultivar la tierra y plantó una viña. Pero, al beber vino, se
emborrachó y quedó tendido desnudo en medio de su tienda. Cuando Cam, el padre
de Canaán, vio a su padre desnudo, salió a contárselo a sus dos hermanos. Entonces
Sem y Jafet tomaron un manto, se lo echaron sobre los hombros de ambos y
taparon a su padre con él; para no verlo desnudo, caminaron de espaldas y
mirando hacia otro lado.
Cuando se le
pasó a Noé la borrachera y se enteró de lo que le había hecho su hijo menor,
dijo:
¡Maldito sea
Canaán!
¡Será
esclavo para sus hermanos,
el último de
los esclavos!
Y agregó:
¡Bendito sea
el Señor, Dios de Sem!
¡Que Canaán
sea su esclavo!
¡Que Dios
engrandezca a Jafet,
para que
habite en los campamentos de Sem,
y Canaán sea
su esclavo!
Después del
diluvio, Noé vivió trescientos cincuenta años, y a la edad de novecientos
cincuenta años murió.
Con este
relato se hace ver que Noé, el viticultor cuyo vino consuela a los hombres de
sus penosos trabajos puede fallar. A través de Cam se condena a Canaán y a sus
cultos licenciosos asociados a la embriaguez.
Imagen: La
embriaguez de Noé, de Miguel Angel Buonarroti. Techo de la capilla Sixtina,
Vaticano, Roma.






