La vid era cultivada en Egipto principalmente en el delta
del Nilo y en los oasis occidentales. Se elegían las zonas más alejadas de la
zona de inundación del río, y las tierras más pedregosas cercanas al desierto,
ya que aportaban mayor calidad. La vid se cultivaba junto a otros frutales, en
forma de multicultivo.
La época de vendimia coincidía con el inicio de la
inundación anual del río Nilo, cuyas aguas adquirían un color rojizo durante la
crecida debido al caudal procedente de las montañas del norte de Etiopía. Por
esa razón, se relacionaba el vino con las aguas fertilizantes del río Nilo.
La vendimia se realizaba en cestas de mimbre para que el
mosto que surgiese al romperse las uvas se pudiera escapar y no comenzase a
fermentar con el resto de los racimos. Se procuraba que el transporte, desde el viñedo al lagar, fuera
lo más corto posible.
La uva se pisaba en lagares de poca profundidad por varias personas, que se
sujetaban a una viga transversal colocada encima del lagar, apoyada sobre dos
columnas. Esto se hacía con el fin de realizar mejor la operación de pisado y
no caerse por efecto de los gases.
Una vez se había pisado la uva, se separaba el mosto del
resto de la pasta (raspones, pieles, pulpa y pepitas) y esta pasta se prensaba
en una presa aparte. Generalmente se trataba de prensas de saco que, mediante
un sistema de torniquete terminaban de extraer el mosto restante.
El mosto/vino se colocaba en ánforas donde terminaba de
fermentar. Estas ánforas eran abanicadas para que no alcanzasen temperaturas
demasiado elevadas durante la fermentación. Una vez concluido este proceso, las
ánforas se sellaban con una tapa de junco o cerámica y se les colocaba una
cápsula o tapón de arcilla. En todas las ánforas se colocaba una “etiqueta” sobre la cápsula de
arcilla: se colocaba un sello mientras la arcilla estaba aun blanda, que
indicaba el nombre del producto, el nombre de su propietario, y la calidad que
tenía.
Fuente consultada: Revista Terruños, nº14


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